lunes, 4 de septiembre de 2017

Carta a los jóvenes




“Como ya se ha dicho otras veces: así como no nace el hombre que escape a su destino, no debiera nacer el que no tenga una causa noble por la cual luchar justificando así su paso por la vida. Por eso también el que se decide a luchar ha de estar armado de una sólida verdad. Desde hace veinticinco años, en la medida de mis fuerzas y capacidad, he tratado de dar a la juventud argentina lo que yo considero es esa verdad, a través de una ideología que fija los rumbos permanentes y de una doctrina que establece las formas de ejecución de esa ideología. Si los pueblos que olvidan a su juventud renuncian a su porvenir, porque aquella representa su futuro; los que tenemos la responsabilidad de la conducción actual del pueblo argentino, no podemos mirarla con desaprensión o descuido el cambio operado en la juventud actual. Desde 1945 hasta 1955 esa juventud, equivocada por sus dirigentes, tomó una posición adversa a lo que representa el justicialismo. Pero ha bastado lo ocurrido entre 1955 y 1970 para que los muchachos abrieran los ojos y percibieran la verdad de lo que está ocurriendo como consecuencia de la famosa “Revolución Libertadora” que, en poco tiempo, ha reducido el país a una colonia vergonzante del neocolonialismo imperialista yanqui. Ahora todos comprenden que la liberación realizada por nosotros entre 1945 y 1955, hizo posibles y efectivas la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, mediante el ejercicio de las cuales el pueblo argentino pudo gozar de diez años de felicidad y abundancia desconocidas y destruidas después de 1955, por los agentes del imperialismo que ha sido siempre el factor que ha gravitado en el hambre, el dolor y la miseria del pueblo argentino digno de mejor suerte.




En la Plaza de Mayo dejamos enterrado un mensaje para la juventud del año 2000, que solo la ignominia gorila pudo haber destruido. En ese mensaje está el fundamento de nuestra acción y el consejo para esa juventud. Pero los acontecimientos y la evolución acelerada, les ha dado actualidad y ahora ha llegado ya el momento en que nuestros muchachos, que son la esperanza de la patria, tomen en sus manos los objetivos para llevarlos a su cumplimiento. De ello ha de depender un destino del que es precios ser artífice si no se quiere luego ser juguete de los designios ajenos. Hace ya mas de cinco años que el Movimiento Nacional Justicialista, fiel a la consigna ha dispuesto el cambio generacional que ha de evitar el envejecimiento de espíritu. Este cambio generacional no ha de consistir en tirar todos los días un viejo por al ventana, sino en un remozamiento constructivo de los niveles de dirigentes de la conducción y encuadramiento de nuestra masa peronista. El concepto de reemplazo no puede ser rígido ni arbitrario porque la juventud es mas cuestión de mentalidad que deidades: hay viejos de veinte como jóvenes de setenta. De lo que se trata en consecuencia es de dar entrada a la nueva sangre generosa de una juventud pujante como la que se presiente ya en la Argentina. A sus valores que ya se reconocen por todos, es preciso darles la oportunidad de labrar su propio destino, nada puede ser mas justo y conveniente, pero ha de tenerse en cuenta que el dirigente nace, no se hace a dedo y si cada peronista lleva su bastón de mariscal en su mochila, está en sus manos y en su capacidad, el hacerse digno de empuñarlo con honor y beneficio.


Tenemos una juventud maravillosa, que todos los días está dando muestras inequívocas de su capacidad y grandeza. Disponemos de una verdad que el tiempo se ha encargado de confirmar, tenemos la oportunidad que la historia nos brinda. Solo nos falta que nos empeñemos con unidad y solidaridad. Yo tengo una fe absoluta en nuestros muchachos, tenemos mucho que hacer como para que no aprovechemos el tiempo. Tenemos demasiadas oportunidades como para desaprovecharlas. Y tenemos un destino que cumplir como para que nos desentendamos, egoístas, del deber de la hora.


Nuestra lucha se debe encarar con unidad de concepción y de acción, inspiradas en los objetivos que nos son comunes, la solidaridad entre los que luchan es indispensable y de ello fluye la necesidad de una armonía de conjunto que ha de alcanzarse solo por el camino de una amplia comprensión y en lo posible, entendimiento. Que cada uno haga su trabajo a la par que comprenda y aprecie el que los demás hagan sin tener en cuenta ni el campo en que se lo realice ni las formas de ejecución que se empleen. Si de todo cuanto venimos hablando es indispensable, no lo es menos que la juventud comprenda la necesidad de adoctrinarse, para lo cual sus dirigentes han de empeñarse seriamente en esa tarea, una revolución necesita de realizadores, pero en mayor medida de predicadores, porque la preparación humana es decisiva para los destinos. No es suficiente con que los dirigentes sepan los que quieren, es preciso que la masa que los siga esté empapada de su propio pensamiento. Solo así se puede llegar a una lucha organizada y conciente, porque en actividades en las que se impone nuestra lucha no se trata de mandar sino de conducir. Mandar es obligar, conducir es persuadir y al hombre siempre es mejor persuadirle que obligarle. El principio de la fácil persuasión es el adoctrinamiento oportuno y eficaz. De allí la necesidad de que cada uno de los que interviene en nuestra lucha esté convencido de la necesidad de hacerla y de lo insoslayable de sus objetivos. La experiencia es la parte mas efectiva de la sabiduría. Es preciso que nuestros muchachos recurran a veces a los viejos dirigentes, pero en caso alguno han de titubear en la acción por temor a su inexperiencia: es preciso actuar y aunque la experiencia cuesta cara y llega tarde, ello no ha de ser un obstáculo a la acción. De cualquier manera es peor que lo que han hecho los viejos no lo podrán hacer: basta contemplar el mundo que les dejamos. Finalmente quiero llegar a nuestros muchachos con mi saludo mas afectuoso, exhortándolos a la acción mas decidida porque bien vale París una misa. Se de vuestros valores espirituales por lo que la experiencia viene mostrando, pero no está de mas mi consejo de prudencia en la acción a fin de evitar nuevos desgarramientos inútiles, desde que el valor no puede estar reñido con la prudencia. Una acción bien planeada puede evitar riesgos inútiles.”



Un gran abrazo para todos nuestros muchachos, Juan Perón. Febrero del año 1971, Madrid.


Mensaje a los Jóvenes del 2000 

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