martes, 20 de septiembre de 2011

El Amor, la única fuerza creativa



Por dondequiera que vayas, difunde el amor: ante todo en tu propia casa. Brinda amor a
tus hijos, a tu mujer o tu marido, al vecino de al lado... No dejes que nadie llegue jamás
a ti sin que al irse se sienta mejor y más feliz. Sé la expresión viviente de la bondad de
Dios; bondad en tu rostro, bondad en tus ojos, bondad en tu sonrisa, bondad en tu
cálido saludo.
Madre Teresa de Calcuta

Un profesor universitario quiso que los alumnos de su clase de sociología se
adentrasen en los suburbios de Boston para conseguir las historias de
doscientos jóvenes. A los alumnos se les pidió que ofrecieran una evaluación del
futuro de cada entrevistado. En todos los casos los estudiantes escribieron: «Sin
la menor probabilidad». Veinticinco años después, otro profesor de sociología
dio casualmente con el estudio anterior y encargó a sus alumnos un
seguimiento del proyecto, para ver qué había sucedido con aquellos chicos. Con
la excepción de veinte individuos, que se habían mudado o habían muerto, los
estudiantes descubrieron que 176 de los 180 restantes habían alcanzado éxitos
superiores a la media como abogados, médicos y hombres de negocios.
El profesor se quedó atónito y decidió continuar el estudio.
Afortunadamente, todas aquellas personas vivían en la zona y fue posible
preguntarles a cada una cómo explicaban su éxito. En todos los casos, la
respuesta, muy sentida, fue: «Tuve una maestra».
La maestra aún vivía, y el profesor buscó a la todavía despierta anciana
para preguntarle de qué fórmula mágica se había valido para salvar a aquellos
chicos de la sordidez del suburbio y guiarlos hacia el éxito.
—En realidad es muy simple —fue su respuesta—. Yo los amaba.

Eric Butterworth

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